Abandonamos las frías aguas del Antártico siguiendo el rumbo prefijado por el capitán.
Tras una desesperada persecusión de ballenas azules sólo con el único interés de encontrar a la ballena blanca, sin disparar un sólo arpón, decidió Ahab realizar el recorrido migratorio de las ballenas en dirección contraria a las corrientes marinas.
El barco, escorado unas veces a estribor y otras a babor, zizageando en un rumbo loco hacia el trópico de capricornio alcanzamos a ver en el horizonte las primeras líneas de islas que rasgaban las nubes como torres de vigía, como si el mismo neptuno las hubiera puesto allí acechando a navegantes sumisos, cansados...
Descendió el ancla hasta unos 100 pies, su metálico traqueteo chapoteó en un mar azul, distinto en tonalidad del acostumbrado azul profundo, casi negro del océano atlántico.
Son unas islas pequeñas pero con clima suave, las llaman las islas perro, por los enormes canes que las habitaban tiempo atrás.
La tripulación está contenta.
El capitán Ahab, con su rostro pétreo deja que ligeras hileras de sudor recorran su frente, sus patillas y el cuello de su camisa imbuido en su traje de capitán.
-Capitán- grito el contramaestre -algunos en el barco me han pedido... (tituveó..) que le trasmita si usted accedería a dar un descanso a la tripulación-.
La mirada fría, profunda, lenta de sus pupilas se desplazó desde el mapa que se extendía en la mesa de navegación hasta clavarse en los ojos azules del contramaestre, cuyo semblante cambió de golpe.
-Encárguese usted de establecer los turnos- -éste calor reblandece el nervio del Stormbridge- apuntó refiriéndose al barco y su tripulación como si de un órgano vivo se tratara.
El capitán Ahab oyó vitorear a la tripulación, aunque él ni se inmutó.
Las ventanas del camarote del capitán dejan pasar una suave brisa que dulcifica el aire, acaricia el rostro y canturrea en las somnolientes horas de las tardes tropicales a modo de sirenas mitológicas, invitando a destensar el espíritu.
El capitán Ahab se balancea suavemente en su catre al son de un suave meneo. Como si se tratara de una cuna risas infantiles le hacen mirar al fondo de una playa... -Corre Miriam, siempre te quedas atrás..- Un niño descalzo con una camisa semisuelta y con un pantalón hasta las rodillas corre hacia Miriam para cogerle de la mano.. La niña mira al niño y le da un beso en un moflete, mil sensaciones maravillosas estremecen al niño, por un instante absolutamente mágico se siente fuera de sí, no sólo eufórico sino como si aquella mano entrelazara sus vidas formando una sola persona que corren juntos por la arena. Pero el mar comienza a agitarse y quedan aislados en dos extremos de los riscos contra los que se bate el mar. La niña grita pero el niño no puede oirla. Las olas baten entre los dos como si fuera un muro de agua, amenazante, dejándose caer de una gigantesca altura y hundiéndose entre la hondonada blanca, rosa y púrpura de aquellas rocas, al mirarlo sólo podía imaginar estar en las fauces de un gigantesco animal que les hubiera tragado. Inmóviles, atrapados en sus pies, helados de frío, el ruido ensordecedor de las olas....
Al abrir los ojos, el capitán Ahab mira agitado el techo de su camarote. Es de noche, nadie ha osado despertarle. La camisa empapada por el sudor salítreo de la pesadilla le devuelve a la realidad. Se han encedido las luces de popa. Al levantarse, su pierna de palo descansa en la esquina inferior de su catre. A la derecha, sobre un estante una botella de ron y un vaso....
martes 4 de agosto de 2009
miércoles 10 de junio de 2009
Viento del nordeste
Pese a que la tormenta no arreciaba y el barco era bapuleado de un lado a otro, al capitán Ahab le sacudía en el catre otra tormenta más agitada.
En medio de lo que parecía una pesadilla, su rostro sudoroso giraba de un lado a otro como si estuviera sometido a tortura. Los dientes apretados, la boca arrugada por un dolor indescriptible se combinaba con agitados movimientos de su pierna amputada. Su cuerpo, empapado en sudor dejaba ver el dibujo de sus costillas acompañadas de mil cicatrices mal curadas.
Se podía adivinar el sufrimiento. En su sueño, veía como miles de cuerdas, atadas a sus manos tiraban de su cuerpo en sentidos opuestos. Una tormenta negruzca golpeaba rayos y truenos a su espalda en medio de un paisaje tétrico. El mar estaba lejos y sus dos piernas estaban atrapadas por una extraña fuerza que las sujetaba al suelo. En frente, espíritus de cándidas niñas con rostros hermosos se convertían en la viva imagen de la muerte adivinándose en aquellas miradas vacías un terrible destino.
La ballena blanca, al fondo del paisaje onírico, salía y entraba en el mar como si ella misma fuera la que agitara la superficie del océano y una gillotina, afilada, perpendicular a su mirada clamando compasión al cielo, se movía imprecisa, tambaleante, casi indiferente al riesgo de que la presilla oxidada que la sujetaba se soltara ante tanta turbulencia.
La gillotina cayó y junto al deslizar chirriante de la hoja metálica que caía hacia los ojos del capitán Ahab como un destino inevitable, rotundo, como una fuerza de la naturaleza, como una fatalidad incontrolable, el capitán Ahab despertó.
Con un movimiento convulso, agarrado a los bordes del camastro abrió los ojos. En su respiración agitada podía adivinarse pánico a la vez que el viento de Nordeste soplaba con rabia el velamen del Stormbridge.
Cuando subió al Puente el agua salada que salpicaba su cara y el griterío del contramaestre dando cuenta del estado del barco soplaba en sus oidos como una canción serena. La realidad hacía sucumbir a la pesadilla. Para el espíritu de quien dirige su barco, la verdad, por dura que parezca es más aceptable que la falsedad de los sueños.
-Aparta- dijo el capitán Ahab al timonel. Agarró firmemente las aristas del timón mientras el mar se abría para dejar pasar la proa del ballenero, no sin amenazar con vengarse en el siguiente oleaje.
jueves 7 de mayo de 2009
El aire huele a aventura.
Hace días que navegamos hacia el sur, el frío antártico te golpea en la cara despertándote con chirriar de dientes.
-¡Contramaestre!, ¡informe!-
-Todo va como ordenó capitán, seguimos con calma chicha pero esta mañana hemos tenido que asegurar el trinquete, sopla de nordeste..-
-¿Qué dice el vigía?- pregunté con tono exigente. El contramaestre sabe que mi obsesión prioriza todos mis actos y por encima del estado de la mar, el viento, el barco o los hombres, está la ballena blanca, el monstruo.
-Nada nuevo, capitán- El gesto serio, curtido por cien mil tormentas me hizo mirar al contramaestre atravesándolo, fijando la mirada en la puerta que comunica con la cubierta.
Hoy tengo un presentimiento y cuando mis hombres oyen el golpear de mi pata de palo, todos saben que no pueden estar relajados que tienen que permanecer en alerta mirando siempre hacia el horizonte o através del obscuro mar que nos rodea. Les exijo algo más que mirar y ellos lo saben, les exigo que escudriñen; no, que adivinen la presencia del monstruo. Toda mi tripulación prolonga sus sentidos mucho más allá del Stormbridge. En realidad no somos un barco ballenero, somos una flota tripulada por adivinos, gurus, magos y guerreros, gente con visión nocturna y con el temple necesario para cabalgar a lomo de las olas.
Hoy tengo un presentimiento.....
martes 7 de abril de 2009
Calma chicha...
Llevamos navegando 6 meses. Aún no hemos visto al monstruo pero hemos atracado en Borgas, una isla hermosa, algo fría donde hay mujeres ardientes. La tripulación ha descansado y yo también.
Sigo soñando con encontrarme con el monstruo. Algunos pescadores indígenas nos han imformado de que la han visto, pero yo dudo que sea mi ballena blanca.
Por ahora, sigo afinando mis arpones y aunque empiezo a impacientarme, el Stormbridge sigue marinero en la bahía de esta isla.
Pronto retomaremos el viaje. Por ahora disfruto del cobijo, mientras la soledad profunda de mi alma añora la mirada fija y el fétido aliento de ese monstruo que acabará conmigo o yo con ella...
Sigo soñando con encontrarme con el monstruo. Algunos pescadores indígenas nos han imformado de que la han visto, pero yo dudo que sea mi ballena blanca.
Por ahora, sigo afinando mis arpones y aunque empiezo a impacientarme, el Stormbridge sigue marinero en la bahía de esta isla.
Pronto retomaremos el viaje. Por ahora disfruto del cobijo, mientras la soledad profunda de mi alma añora la mirada fija y el fétido aliento de ese monstruo que acabará conmigo o yo con ella...
domingo 14 de septiembre de 2008
Preparando el petate...
Hoy he preparado el petate y lo he escondido bajo unas tablas sueltas, abajo, en el sótano. He guardado lo esencial; algún libro, fotos y recuerdos, algo de ropa y mi título de capitán de navío.
Debo tenerlo todo preparado, se acerca el otoño y los vientos son favorables para un velero valiente como el Stormbridge. Cuando no haya nadie en la casa cogeré mis bártulos y mi sombrero, cargaré sobre mis espaldas mi saco y embarcaré ese mismo día.
He informado al Almirante Strongcow sobre mis intenciones y ya me ha preparado todos los trámites para volver a la vida activa.
Me tengo que preparar, actualizar mi memoria, leer los mapas, diseñar la ruta y fijar un rumbo. Me paso el día en la biblioteca de la marina ojeando mapas. Escucho con avidez los comentarios de los marinos en la cantina, con el fin de seleccionar a mi tripulación, así como conocer sus inquietudes y capacidad de arrojo. El proyecto será importante y necesito valientes a mi lado....
sábado 30 de agosto de 2008
Las velas al viento
Hoy he vuelto a pasear por el muelle de Briton, los barcos cargados de mercancías, dejan sobre los adoquines fardos de algodón, harina, azúcar o cueros. Más adelante casi al final, en el último amarre se yergue orgulloso el velero más ballenero de toda la costa, el Stormbridge. Su aire marinero, su crujir suave, el aleteo de sus velas, el balanceo de su cubierta, todo habla de héroes, de lucha y de victoria. Siento mi corazón latir con más fuerza cuando estoy junto a él, invitándome, insinuándome aventuras, una dirección y un sentido a mi vida.
Mi vida es monótona, me he acostumbrado a aceptar las bondades de mi esposa, mis hijas, en otro tiempo tan lejanas, me miman y ríen cuando llego a casa para tomar una sabrosa sopa.
Pero mi pierna, atada a un palo, percibe aún los dedos de mi pie desaparecido, anhela correr a la proa para agarrar el arpón que definirá mi destino según el tamaño del monstruo que recibirá mi ira. Mi alma marinera vuela entre el trinquete y el timón, entre el cabestrante y los mástiles, entre la quilla y el puesto de vigía. Mi boca, que con cada trago de sopa busca incansable el sabor del salitre o el olor de sebo. Mis manos duras como el cuero curtido sostienen la irreconocible delicadeza de una cuchara de plata.
¿Dónde está mi arpón, mi viento, mi tormenta? ¿Dónde mi San Telmo, mis fantasmas? ¿Dónde mi bravura, mi miedo?.
¡¡¡¡CONTRAMAESTRE!!!! PREPÁRESE PARA ZARPAR,
martes 15 de mayo de 2007
Se me ha vueto a escapar.

Maldita, maldita entre las malditas. Apuntaba con mi arpón, atento al resoplido de aquella bestia asesina, justo en el instante que me fijé en su lomo blanco y resplandeciente a la luz de la luna. Bella y voraz, sabe que la sigo sin descanso entre todos los mares. Mis manos encayecidas, hinchadas y adheridas al frío arpón lo sienten como si de grilletes se tratara. No me importa morir, pero no soporto la burla que el destino me depara en cada encuentro con la ballena blanca. Anoche gritaba de júbilo, confiado en abatir a la bestia. Hoy trago mi propia sangre al apretar los dientes, de rabia y de odio.
¡Acabaré contigo, maldito monstruo!, por tu culpa he quemado mi vida y la vida de los mios. Todos me odian, pero yo sólo tengo una recompensa, dominar a la bestia, soñar con sentirla flotando, boca arriba, y emborracharme hasta perder el sentido mientras la abren y se reparten sus riquezas.
¡Acabaré contigo, maldito monstruo!, por tu culpa he quemado mi vida y la vida de los mios. Todos me odian, pero yo sólo tengo una recompensa, dominar a la bestia, soñar con sentirla flotando, boca arriba, y emborracharme hasta perder el sentido mientras la abren y se reparten sus riquezas.
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